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Piden que se investigue como femicidio la muerte de una joven que sufría violencia de género

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«Justicia por Micaela», dice el cartel gigante desplegado entre las banderas de las organizaciones feministas que el viernes 25 de noviembre se manifestaron ante Tribunales por el Día de Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y Diversidades sexuales. Debajo del cartel está Sebastián Rascovsky, que lleva entre sus manos una muñeca. A su lado está Patricia Ortiz, pidiendo justicia por Micaela, la única hija de ambos.
El 13 de abril de 2021, Patricia recibió el llamado de Guido Pascuccio, pareja de Micaela. «No sé qué mierda tomó tu hija, pero ahora está viniendo Criminalística a llevarse el cuerpo», le dijo. Eran 7:30 de la mañana.
Pascuccio había llamado tres horas antes al 911 y también a su familia. Cuando llamó, le dijo a la policía que Micaela todavía estaba con vida. Pero cuando los oficiales llegaron, cinco minutos después, la joven llevaba algunas horas muerta.
De acuerdo a la autopsia, aunque Micaela no consumía drogas, murió por sobredosis. Entre los sobres de cocaína que estaban esparcidos en la casa sólo había uno que tenía ADN de la joven. En la autopsia no encontraron indicios de que fuera consumidora pero sí encontraron lesiones de ese momento y otras más antiguas.
La causa está desde hace un año y medio en la Fiscalía 28, a cargo del doctor Patricio Lugones. En una primera instancia, elevaron la causa a homicidio, pero Cámara de Casación cambió la carátula a «abandono de persona agravada por lesiones y por el vínculo».
«A mi hija la mataron», dice a Tiempo Argentino, Patricia Ortiz. «Mi hija no fue abandonada, mi hija fue asesinada por dos masculinos, está el material de ADN de cuando se defendió porque tenía signos de defensa. Estuvo maniatada de sus muñecas y sus brazos y tenía trece golpes en su cuerpo y otros de por lo menos una semana atrás», agrega Patricia.
La carátula de la causa se debe a que la investigación parte del testimonio de quien era pareja de Micaela. «Él llama diciendo que ella se había intentado suicidar. Llegan al departamento, pero sin consigna de averiguación de homicidio, entonces no hubo examen ni fue llevado a declarar, a pesar de que la médica forense notó, –lo dejó escrito–, ‘cosas raras’ en el comportamiento de su pareja. También le pareció raro el sitio en donde estaba Micaela y el estado de su cuerpo, por eso no comprendo por qué la fiscalía no actuó de otra manera», dice Patricia.
Para los papás de Micaela, hubo una escena armada. Había en la terraza tres botellas de alcohol que la pareja de la joven reconoció como de su casa. Dijo que seguramente, la mujer había consumido alcohol antes de suicidarse. De acuerdo a los estudios que se realizaron, Micaela tenía 0.02 de alcohol en su sangre.
«Si me pasa algo ya saben quién es»
Micaela tenía 25 años y llevaba conviviendo ocho meses con Guido Pascuccio, abogado. Dos meses antes de su muerte, la joven perdió un embarazo. Fue a partir de entonces que comenzó a vivir violencia física aunque ya venía sufriendo violencia verbal por parte de su pareja.
Horas antes de su muerte, Micaela llegó a contarles a sus papás que estaba preocupada por el excesivo consumo de cocaína de su pareja, pero también estaba decidida a separarse.
Citó al papá de Guido Pascuccio, le expresó su preocupación y le pidió ayuda. Esa conversación fue una tarde antes de su muerte. El hombre negó la existencia de la charla, sin embargo, los mensajes en el teléfono lo desmintieron.
«Dejo pruebas por si me pasa algo, ya saben quién es», le dijo Micaela a su mamá. El mensaje iba acompañado con fotos. El mismo mensaje lo recibieron dos compañeras de trabajo a quienes les había contado lo que sufría en la relación.
La pareja de Micaela no fue ni siquiera al velatorio. Días después, Patricia le exigió una explicación y él le dijo que no sabía nada. Dijo que era adicta, que no se la podía controlar y que estaba sorprendido. Mientras lo decía, el papá de Micaela notó que tenía los brazos rasguñados.
«Le pregunté si Micaela había dejado una carta y me dijo que no sabía nada y que ella estaba totalmente perdida por la droga. Estaba con el padre, que también es abogado. También le preguntamos por un crédito de 300 mil pesos que le habían hecho sacar, y respondieron que como estaba muerta ya no tenía que pagar más nada».
Dulce y fuerte
Micaela estudiaba Medicina. De niña tenía labio leporino y fue tratada con éxito, por eso, quería devolver lo que habían hecho con ella a lo largo de 17 años de tratamiento. Dice su papá que era dulce, solidaria, amorosa y a su vez muy fuerte.
«Queremos que Micaela descanse en paz, que haya justicia para ella. Nosotros como padres ya estamos condenados desde el 13 de abril por sus dos asesinos y seguimos estando condenados por la Justicia argentina». «


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